Cada mariposa  posee grabada en su cuerpo, las huellas de su historia... de metamorfosis y cambio, de gusano de seda a oruga, del volar y expandirse, del cercano final...
En cada niño está guardado esa posibilidad de despliegue, de expansión, de  transformación y crecimiento...
Las huellas de esa etapa están impresas en nosotros en forma de sensaciones: colores, texturas, temperaturas, de una luz propia y personal que nos es muy difícil poner en palabras. Cuando de adultos nos atrevemos a destapar esas huellas, sacarlas de su escondite, nos  producen emociones espontáneas que nos embargan y estremecen al apenas recordarlas. Estas fotos intentan ser una reminiscencia de dichas sensaciones.

 

Work in progress: 2011, 2015...

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